lunes, 13 de octubre de 2008

Vivir manifestándose

Siempre he pensado que el mundo, igual que la vida de cada uno de nosotros, funciona con ciclos, de esos que a veces son buenos, a veces no se sabe y a veces son extremadamente malos.

Yo tengo que admitir que nací siendo radical, no soy una persona de grises, lo mío es el blanco o el negro, creo que simplemente es así, porque si no tendría un problema de aburrimiento, no soporto ser neutral. Así que cuando he tenido los ciclos malos, he preferido que fueran malos de verdad, que me rematarán cuando estaba en el suelo, que vinieran todos los golpes juntos; porque cuanto más abajo estás ya no tienes nada que perder, no dejas nada atrás, en cambio tienes todo por ganar, y tus fuerzas se multiplican hasta limites que nunca hubieras imaginado, y eres capaz de cambiar, luchar, y dejar de sobrevivir para volver a vivir.

Gracias a mi gran afición al cine, al que le debo tanto, hace años vi la película (“Before night falls” ,2000 ); basada en su propia autobiografía (“Antes que Anochezca,1990) y descubrí al escritor cubano Reinaldo Arenas, su vida, su historia me cautivó; pero aún me cautivó mucho más su narrativa y la manera de expresar todo lo que llego a sentir. Perseguido, encarcelado, torturado debido a su condición sexual y a su oposición al régimen de Castro tuvo que acabar su vida lejos de su querida Cuba.

De entre todos sus poemas, me encontré con uno que ha pasado a ser de mis favoritos, el cual no dudo en leer cuando tengo uno de esos ciclos tan malos.


Voluntad de vivir manifestándose

Ahora me comen
Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.
Oigo su roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
Y piedra
Que me cubre.
Me aplastan y vituperan
Repitiendo no dé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han apisonado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Este es mi momento.

Reinaldo Arenas, penal de la Habana, 1975.

sábado, 4 de octubre de 2008

La vida de una empanadilla

Tengo una temporada de esas, que mejor quedarse en la cama y no levantarse, porque el simple hecho de caminar ya ha sido asfixiante, o como se diría en el argot, una gran putada. Lo ideal sería ser como “Jumper”, y poder escapar a otros mundos y aislarme de todo; pero claro, esto solo pasa en las películas, umm me voy a plantear el ver menos cine, pero creo que no, mejor que no, que al fin y al cabo es la manera más fácil de volar a otros lugares y dejarse perder.
No es que este depresiva, tampoco es que las cosas me vayan mal, pero da la sensación que por mucho que intente avanzar siempre estoy en el punto de partida.

Y es que creo, como dice mi amiga, tengo un problema de actitud, es como si no fuera Cyllan, si no que me he convertido en una empanada caminante, de esas que le pasan cosas por delante y no es capaz de cogerlas, de esas que están rellenas de muchas cosas buenas por dentro y no es capaz de mostrarlas, sino que se queda ahí en el mostrador con los demás aperitivos, esperando que sin hacer nada pase algo interesante o alguien se fije en la rica empanadilla.

La verdad que tengo que reconocer, que la empanadilla los fines de semana esta en catering por las noches de Barcelona, y hay que decir, que se fijan en ella e incluso intentan meterle un buen bocado, pero ahí esta ella, empanada perdida, escondiéndose detrás de todos los aperitivos como si esto no fuera con ella, pasando de todo, supongo que por miedo que al morderlas le quiten un trocito más, de todos lo que ya la han quitado.

Entre semana la cosa no mejora, la pobre empanadilla tiene el catering de la oficina, y eso es aún peor, porque eso es un nido de toxicidad, están todos los aperitivos en diferentes mostradores competiendo entre ellos a ver quién es el mejor del mundo mundial e intentando hacer desaparecer el resto de comida. Con este escenario la empanadilla ha decidido, al contrario que los fines de semana, no esconderse, estar por ahí, intentando mostrar que como esta rellena de tantas cosas se lleva bien con todo tipo de comida, pero al final del día, llega a casa dolorida con todo los pinchazos de los palillos que intentan cogerla sin ningún tipo de miramientos.

La cuestión que la vida de la empanadilla esta ahí, siempre la misma rutina de catering en catering, intentando que el relleno este intacto, a veces es chafada y empieza a salir el relleno por todos los lados, y en el fondo este cambio le gusta mucho, porque siempre ha pensado que cuando más chafada y destrozada este, es cuando se preocupa por volver a rellenarse y volver ser apetitosa, e incluso cambiar y dejar de ser una empanadilla para convertirse en un rico caviar, o mejor aún en un rico vino de esos que saben venderse, que todos desean y que por muy escondido que este todos lo buscan porque es una de las mejores compañías para una buena velada.