Tengo una temporada de esas, que mejor quedarse en la cama y no levantarse, porque el simple hecho de caminar ya ha sido asfixiante, o como se diría en el argot, una gran putada. Lo ideal sería ser como “Jumper”, y poder escapar a otros mundos y aislarme de todo; pero claro, esto solo pasa en las películas, umm me voy a plantear el ver menos cine, pero creo que no, mejor que no, que al fin y al cabo es la manera más fácil de volar a otros lugares y dejarse perder.
No es que este depresiva, tampoco es que las cosas me vayan mal, pero da la sensación que por mucho que intente avanzar siempre estoy en el punto de partida.
Y es que creo, como dice mi amiga, tengo un problema de actitud, es como si no fuera Cyllan, si no que me he convertido en una empanada caminante, de esas que le pasan cosas por delante y no es capaz de cogerlas, de esas que están rellenas de muchas cosas buenas por dentro y no es capaz de mostrarlas, sino que se queda ahí en el mostrador con los demás aperitivos, esperando que sin hacer nada pase algo interesante o alguien se fije en la rica empanadilla.
La verdad que tengo que reconocer, que la empanadilla los fines de semana esta en catering por las noches de Barcelona, y hay que decir, que se fijan en ella e incluso intentan meterle un buen bocado, pero ahí esta ella, empanada perdida, escondiéndose detrás de todos los aperitivos como si esto no fuera con ella, pasando de todo, supongo que por miedo que al morderlas le quiten un trocito más, de todos lo que ya la han quitado.
Entre semana la cosa no mejora, la pobre empanadilla tiene el catering de la oficina, y eso es aún peor, porque eso es un nido de toxicidad, están todos los aperitivos en diferentes mostradores competiendo entre ellos a ver quién es el mejor del mundo mundial e intentando hacer desaparecer el resto de comida. Con este escenario la empanadilla ha decidido, al contrario que los fines de semana, no esconderse, estar por ahí, intentando mostrar que como esta rellena de tantas cosas se lleva bien con todo tipo de comida, pero al final del día, llega a casa dolorida con todo los pinchazos de los palillos que intentan cogerla sin ningún tipo de miramientos.
La cuestión que la vida de la empanadilla esta ahí, siempre la misma rutina de catering en catering, intentando que el relleno este intacto, a veces es chafada y empieza a salir el relleno por todos los lados, y en el fondo este cambio le gusta mucho, porque siempre ha pensado que cuando más chafada y destrozada este, es cuando se preocupa por volver a rellenarse y volver ser apetitosa, e incluso cambiar y dejar de ser una empanadilla para convertirse en un rico caviar, o mejor aún en un rico vino de esos que saben venderse, que todos desean y que por muy escondido que este todos lo buscan porque es una de las mejores compañías para una buena velada.
No es que este depresiva, tampoco es que las cosas me vayan mal, pero da la sensación que por mucho que intente avanzar siempre estoy en el punto de partida.
Y es que creo, como dice mi amiga, tengo un problema de actitud, es como si no fuera Cyllan, si no que me he convertido en una empanada caminante, de esas que le pasan cosas por delante y no es capaz de cogerlas, de esas que están rellenas de muchas cosas buenas por dentro y no es capaz de mostrarlas, sino que se queda ahí en el mostrador con los demás aperitivos, esperando que sin hacer nada pase algo interesante o alguien se fije en la rica empanadilla.
La verdad que tengo que reconocer, que la empanadilla los fines de semana esta en catering por las noches de Barcelona, y hay que decir, que se fijan en ella e incluso intentan meterle un buen bocado, pero ahí esta ella, empanada perdida, escondiéndose detrás de todos los aperitivos como si esto no fuera con ella, pasando de todo, supongo que por miedo que al morderlas le quiten un trocito más, de todos lo que ya la han quitado.
Entre semana la cosa no mejora, la pobre empanadilla tiene el catering de la oficina, y eso es aún peor, porque eso es un nido de toxicidad, están todos los aperitivos en diferentes mostradores competiendo entre ellos a ver quién es el mejor del mundo mundial e intentando hacer desaparecer el resto de comida. Con este escenario la empanadilla ha decidido, al contrario que los fines de semana, no esconderse, estar por ahí, intentando mostrar que como esta rellena de tantas cosas se lleva bien con todo tipo de comida, pero al final del día, llega a casa dolorida con todo los pinchazos de los palillos que intentan cogerla sin ningún tipo de miramientos.
La cuestión que la vida de la empanadilla esta ahí, siempre la misma rutina de catering en catering, intentando que el relleno este intacto, a veces es chafada y empieza a salir el relleno por todos los lados, y en el fondo este cambio le gusta mucho, porque siempre ha pensado que cuando más chafada y destrozada este, es cuando se preocupa por volver a rellenarse y volver ser apetitosa, e incluso cambiar y dejar de ser una empanadilla para convertirse en un rico caviar, o mejor aún en un rico vino de esos que saben venderse, que todos desean y que por muy escondido que este todos lo buscan porque es una de las mejores compañías para una buena velada.
7 comentarios:
Me encanta cómo transmites la idea.
Ay mi querida empanadilla, no te apures, que seguro que encuentras pronto un buen vino tinto con el que hacer un maridaje perfecto, y si no, siempre puedes dedicarte a buscarme a mi un vino rosado con el que hacer la unión perfecta.
Firmado,
Sushi
Pedazo metafora!!
Me he quedado sin palabras.
Que sepas que no solo palillos y tenedores se fijan en la empanidilla sino que otras tapas varias en la esquina del aparador las observan, valoran y admiran.
Ana muchas gracias, es gracisoso que el sábado nos estabamos comiendo unas.
Lila muchas gracias; creo q tienes razón a veces a las empanadillas las observa más gente de la q nos creemos.
Sergir, yo paso de buscarte nada que tu siempre consigues y me das envidia; buscame el vino para mi.
Cuando encuentre un vino que me riegue a bien, y me deje buen sabor de boca, entonces te buscaré uno. Mientras [ajo y] agua.
El problema es que te empeñas en creer que eres una empanadilla congelada y no lo eres!!!
Eres de las que se hacen con ilusión, cariño y rellenas de amor.
El problema es que no proyectas eso, parece que te gusta más sentirte congelada y refrita. Amiga se trata de: ACTITUD o APTITUD!!!
jajaja te habló la banderilla reseca que queda en la bandeja
Vale ratilla, prometo descongelarme pero esto será de cara al año que viene.
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